sábado, 30 de noviembre de 2013

Todo tiene un principio

El calor asfixiante nos avisa de que estamos pisando suelo africano. Nadie tiene prisa porque la vida pase rápido, tres horas en el control de pasaportes nos hizo comprender la inversión que hacen en el tiempo. Ghana no se caracteriza por las prisas y el agobio, sino por todo lo contrario. Aquí cada cosa lleva su tiempo. Nadie se extrañaba que nuestras maletas estuvieran esperándonos durante tanto tiempo, como aquí dicen “I´m coming” (Estoy yendo).

Desde un avión, con algún que otro lujo, en el que te puedes sentir muy segura hasta motos con remolques, conocidos como “carricoches”, con los que puedes volcar en la mínima curva. Desde autobuses con asientos tan cómodos como el sofá de tu propia casa hasta furgonetas con la misma función que un autobús, lo que aquí llaman “trotros”. Desde taxis que funcionan con su propio motor hasta otros que necesitan de nuestras manos para empujarlos y ayudarles a arrancar. A pesar de las peculiaridades que hacen único a cada uno de estos medios de transporte, todos tienen en común la rapidez con la que los “expertos” conductores de este país cogen cada curva de tierra y cantos, haciéndote sentir en cada momento la adrenalina que corre por tu cuerpo. El sentido principal que tienes que tener activo en estas carreteras es el oído, no intentes ver ninguna luz intermitente, los pitidos te avisan de que alguien te quiere adelantar y es la misma forma para pedir permiso si el que quieres adelantar eres tú. Soñar aquí no está permitido. Todos estos transportes son los que nos enseñan la cara y la cruz del país que nos permitirá vivir esta experiencia.

Durante todo este recorrido, nos ha acogido a las tres una cama por habitación, ¿quién nos iba a decir que dormir atravesadas (a la ancha) en una cama no era una buena forma para descansar? Baños sin agua corriente y otros en los que tres gotas de agua a temperatura ambiente hacían despejarnos para continuar el camino. Todos tenían en común el calor abrasador que el ventilador no podía aliviar.




La oscuridad de la noche y el cansancio no nos dejó ver lo que va a ser nuestro hogar en los próximos dos meses. El canto del gallo nos avisa de que ya podemos descubrir cada rincón de nuestra casa, nos da la bienvenida una pequeña tienda, la casa familiar y la cocina a mano izquierda; pequeñas cabañas de adobe recogen a turistas variopintos a la derecha; unos pasos hacia delante, por un caminito rodeado de plantas, se abre paso nuestra habitación, un espacio con tres camas y una estantería, todo lo demás lo ponemos nosotras! A 50 metros encontramos nuestro lugar preferido, el que nos  aporta la máxima alegría. Allí encontramos cada día las sonrisas más sinceras, los abrazos más deseados, las miradas más tiernas, nos esperan nuestros pequeños, siempre dispuestos a dar lo mejor de sí mismos y a sacar lo mejor de nosotras.

El cole lo forman dos edificios divididos en tres clases cada uno, una de las paredes hace a su vez la función de pizarra y el único mobiliario que podemos encontrar son algunos pupitres y no en todas las aulas. Nuestro edificio es el del fondo, nuestra clase “P1” (primero de primaria), 55 alumnos forman parte de esta y cualquier idea que podíamos tener de una clase habitual se esfumó el primer día de clase. Niños saltando por los pupitres, entrando y saliendo por las ventanas sin ningún pudor y quedándose dormidos en cuanto encuentran la postura perfecta, aquí parece ser que no hay normas. Pronto nos damos cuenta de que el material es escaso, apenas hay lápices para todos, las gomas y sacapuntas están ausentes. Cuando necesitan sacar punta se valen de sus propios dientes, de alguna cuchilla o rozándoles contra la pared, para borrar utilizan la saliva. A pesar de esto no tienen el mínimo cuidado con el material, lo primero que pensamos es que necesitan aprender a valorarlo.



El desgaste en el cole es muy grande, lo que nos ayuda a superarlo es el desayuno, la mejor comida del día. Té o café a elegir, pequeños bocadillos de tortilla francesa, mantequilla o crema de cacahuete y si es buen día algo de fruta. La comida se hace esperar en horas interminables, arroz, spaguetis o yam (tubérculo de patata), estas son las tres cosas que forman parte de nuestro variado menú, si tenemos un poco de suerte comemos un trocito de pollo o cabra. La cena es menos variada, suele ser yam con huevo o tortilla francesa, si nos dan a elegir la tortilla es nuestro punto fuerte! Los fines de semana procuramos amenizarlos con algo de comida española, ya hemos preparado paninis y huevos rellenos, ¡y este finde toca arroz a la cubana!

No os hemos contado que el mejor momento del día llega a las 17:30, antes de que anochezca, la ducha al aire libre nos libera del calor agobiante que caracteriza cada día y nos empapa de relajación y tranquilidad.







viernes, 22 de noviembre de 2013

EN SU PIEL



A miles de kilómetros mudamos de piel, diferentes sentimientos nos obligan a ponernos del otro lado, ese que tanto nos cuesta comprender. El color no marca la diferencia, sino una mirada, un roce inesperado, una sonrisa… Una sonrisa alivia. Un lenguaje universal con un solo significado, seguridad. Seguridad que, en muchas ocasiones, necesitamos para seguir avanzando hasta la meta dejando de lado los obstáculos, empapándonos de las emociones que nos empujan a llegar.



Sin el tejado de nuestra casa la lluvia moja. Existen muchas dificultades que escapaban de nuestra mente y aun no somos capaces de controlar. Todo lo que queremos expresar no es entendido por los demás, la vida está hecha de matices, esos que a veces a nosotros se nos escapan.


Un gran cúmulo de anécdotas que ya guardamos en nuestro interior, en un largo viaje de tan solo unas horas. Caminos interminables que han tocado fin. Recorrido construido de falsas esperanzas, aunque de todo se aprende, de fracasos materiales por conseguir un lugar donde dormir, aunque en cualquier sitio se descansa cuando se trata de una necesidad, horas perdidas esperando el transporte para avanzar hacia nuestra meta, vivir una experiencia que no es en vano, desconfianza ante los alimentos desconocidos que ahora son esperanzadores dentro de una monotonía alimenticia, amistades fugaces que nos prestaron su ayuda a cambio de una sonrisa, rostros nuevos que se han convertido en nuestra familia. Rostros conocidos que serenan nuestra ansiedad.



Desde entonces y hasta ahora, el sentimiento de incertidumbre se apodera de nosotras, nos enfrentamos a ellos con ganas de descubrir lo desconocido y que finalmente se convierta en nuestro día a día, pudiendo llegar a recordarlo como un cúmulo de experiencias nostálgicas.

A partir de ahora todo es nuevo, lo único conocido son sus alegres miradas, el entusiasmo que irradian al vernos aparecer, las ganas de conocernos e invertir su tiempo en nosotras. A cambio prometemos dar lo mejor de nosotras para lograr lo mejor de cada uno, ellos tienen el poder.




Cada día vamos aprendiendo lo necesario para conseguir esto, ya hemos visto que no es fácil y que existen muchos obstáculos que engendran dudas en nosotras sobre nuestras aptitudes como maestras. La lucha es dura pero con paciencia, interés y motivación tenemos la esperanza de conseguirlo.