Ya hemos vivido 47 días en Ghana, más de la mitad de nuestra
estancia aquí. Nos sentimos parte de ella, creíamos que la conocíamos bien, que
conocíamos muchas de sus cosas, pero ahora que hemos intimado conocemos muchos
de sus secretos. Hay confianza, podemos contároslos. Aunque vayáis a conocer
todo lo que sabemos de ella, si no la sentís, como nosotras, no vais a
encontrar el sentido real de lo que ella guarda.
Todo son anécdotas. El juego de los niños con uno de nuestros
relojes nos hizo empezar el viaje una hora antes de lo planeado, uno de los
niños nos avisó de esto pero ya estaba todo preparado para comenzar la
aventura. 4 horas de espera por el autobús averiado, aglomeración de gente,
horas de pie en las que el único punto de apoyo era el viajero de al lado, un
trayecto bastante intenso. Primera parada: Wa.
El principal atractivo sus mezquitas. Lugar sagrado de los musulmanes que
intentan proteger ante las curiosas miradas de los turistas. Tuvimos que pedir
permiso solo por hacer una foto. A altas horas de la madrugada, esperando
nuestro siguiente autobús, pudimos contemplar la humillación de un hombre por
parte de un gran grupo de ciudadanos al que pegaban después de haberle
desnudado de camino a la comisaría, captando la atención de los allí presentes.
Más tarde supimos que ese hombre había cometido un delito, pudiéndose tratar de
un intento de robo o violación.
Segunda parada: Weicheao.
Nuestra intención era poder ver de cerca hipopótamos, lo único que conseguimos
fue ver su mirada al nivel del agua. Aún así mereció la pena el agradable paseo
en canoa por el Volta, frontera natural que comparten Ghana y Burkina Faso,
donde el único visado necesario es pasar en canoa. Frontera agradable y
relajante.
Tercera parada:
Navrongo y Paga. Nada más llegar. Barbra,
una chica amable nos recibió en el lugar en el que íbamos a dormir y nos
ofreció nuestro primer plato de comida local (arroz frito). Teníamos que coger
fuerzas para enfrentarnos a los cocodrilos,
animales que pensábamos eran agresivos y poco amigables. Nos sorprendimos al
tener la oportunidad de hacernos fotos casi sentadas encima de ellos o
cogiéndoles la cola. Su premio por la amabilidad ofrecida, un pobre pollo vivo.
Después de visitar algunos de los rincones de estos lugares, invertimos el
tiempo que nos quedaba en hablar con quien en principio pensábamos que iba a
ser una persona más con la que coincidiríamos en nuestro viaje, pero resultó
ser una gran amiga. Tan solo unas horas de nuestra atención y cariño bastaron
para que nos pidiese que nos quedásemos con ella. Barbra ya tiene un sitio
especial en nuestros mejores recuerdos.
Cuarta parada: Bolgatanga.
Aquí pudimos darnos cuenta de la importancia de la religión. La mayoría de
los comercios estaban cerrados, era domingo y todas las personas dedican el día
entero a realizar actividades religiosas. Su vida gira en torno a la idea de
Dios. Aquí nos dimos cuenta de que la forma de ser de las personas está
condicionada por conseguir un fin último, ir al cielo después de morir. Quizá
por esto, los ciudadanos de este país se caracterizan por su amabilidad y
dedicación a ayudar a la gente que les rodea.
Quinta parada: Accra. Este
lugar nos enseñó el arte de Ghana. La artesanía representa toda su belleza. Las
manos son su mejor herramienta para ganarse la vida y para ofrecernos a los
turistas objetos realmente bellos, en los que fijas la mirada y no puedes
resistirte a poseerlos. Otro de sus artes, debido a esta atracción, es el regateo.
Ninguno de los precios iníciales es el real, aquí descubrimos que su valor es
aproximadamente la mitad. Ya éramos expertas negociando, pedíamos el precio
mínimo y si no aceptaban nos marchábamos sin ello. Si nos volvían a llamar
sabíamos que era el precio justo, si
dejaban que nos fuésemos habíamos bajado demasiado el precio y sabíamos que el
precio real era el último que ellos nos ofrecieron. Aquí no existieron robos.
La amabilidad que antes os contábamos la sentimos gracias a los amigos de Shanni,
un chico que conocimos un solo día en Larabanga y que nos ofreció la ayuda de
éstos para seguir negociando, ayudándonos tanto como si les conociésemos de
toda la vida sin pedir nada a cambio. James Town nos enseñó la otra cara de
Ghana. Acercarnos al lugar de mayor atracción turística, el faro, significó
perder el dinero que hasta ahora habíamos sido capaces de conservar en el
mercado del arte. Un hombre con aspecto de desequilibrado y con un tono
agresivo nos exigió que le diésemos algo de dinero solo por hacer una foto al
faro, sin saber él que la habíamos hecho, sabía que éramos turistas y solo
quería conseguir algo de dinero. A pesar de esto, aquí tenéis el resultado.
Sexta parada: Kumasi. De
nuevo nos sorprendió la amabilidad de la gente. Unos chicos, cuyo destino era
Tamale (una ciudad aún más alejada), a los que tan solo preguntamos cuanto
duraba el viaje hasta Kumasi, se bajaron en nuestra parada para ayudarnos a
encontrar un hotel accesible que se ajustara a nuestras necesidades. Todo unos
caballeros. Kumasi reflejó la gran diferencia entre la pobreza y la riqueza.
Toda la austeridad que habíamos visto hasta entonces se contrapuso con un nivel
de riqueza material, que en España solo podemos encontrar en sitios muy
concretos, a los que ni siquiera nosotros podemos acceder.
Séptima parada:
Kintampó. Mohamed, un ghanés más al que
conocimos viendo las cataratas que caracterizan este lugar, se hizo especial en
nuestro viaje por su simpatía y amabilidad y por la historia que guarda que no
dudó en compartir con nosotras y en contestarnos a todas nuestras preguntas.
Con 23 años abandonó su país para intentar conseguir una vida mejor en Italia.
Una idea que a todos se nos pasa por la cabeza, y más ahora en la situación en
la que nos encontramos en España, con la
diferencia de que su viaje no se caracterizó por las comodidades con las que
nosotros podríamos viajar. Un viaje en patera de dos días de duración
acompañado de otras 164 personas, sin poder moverse, comer, ni siquiera satisfacer
sus necesidades básicas. A pesar de todas las circunstancias que rodean esta
situación, entre ellas la posibilidad de no sobrevivir, no sitió miedo. Gracias
a su fuerza ahora es feliz en Italia con su pequeña familia y su trabajo como
chef. Mohamed no descarta la idea de volver a su país natal con su familia.
Llevábamos muchos días fuera de casa y no podíamos imaginar
encontrarnos con alguien familiar, por lo que la sorpresa fue enorme al
encontrarnos con Inusah, un chico que vive con nosotras en Larabanga. Entonces
nos dimos cuenta cuánto echábamos de menos a nuestra familia ghanesa. Inusah
nos acompañó en nuestro viaje hacía nuestra última parada, Tamale.
Por las fechas en las que nos encontrábamos, se acercaban noche buena y navidad, nos sentíamos nostálgicas al no poder estar cerca de los nuestros. La visita al mercado del arte nos dio la oportunidad de volver a encontrarnos con Shanni, un chico que conocimos en Larabanga solo durante unas horas y que en estos días se convirtió en un gran amigo. Durante estos días nos hizo sentirnos como en nuestra propia casa, presentándonos a sus amigos, algunos de ellos ahora también nuestros amigos. A pesar de que son musulmanes celebraron con nosotras la noche buena y la navidad. Aunque al principio pensábamos que iban a ser unos días difíciles han sido unas navidades inolvidables. De ellos aprendimos muchas cosas sobre su cultura y religión. Probamos su comida, comprendimos ciertos comportamientos que demuestran respeto, como comer con la mano derecha u ofrecer las cosas con esta misma mano, y nos explicaron algunas normas que han de seguir debido a su religión. Deben rezar cinco veces al día, limpiar todas las partes visibles de su cuerpo antes del rezo, las mujeres deben permanecer en la mezquita detrás de los hombres siendo estos su modelo a seguir y desde pequeñas deben cubrir su pelo con un pañuelo pues este es símbolo de sensualidad y solo puede ser visto por la persona con la que mantengan relaciones sexuales, en el caso de que su pelo lo vea otro hombre refleja infidelidad.
De vuelta a casa: Larabanga.
Habíamos pasado los mejores días de nuestras vacaciones y nos surgían
sentimientos contradictorios. No queríamos volver porque eso significa regresar
a la rutina que a nadie le gusta, pero echábamos de menos a la gente que nos
esperaba aquí. En cuanto llegamos al pueblo, sin ni siquiera bajar del autobús,
nos pusimos muy contentas porque ya estábamos en casa, aún más contentas nos pusimos cuando nos
recibieron nuestros pequeños con besos y abrazos en la puerta del autobús. Nos
habíamos echado mucho de menos.

Feliz Navidad en tierras africanas!! jejj Muy buenisimo el blog!!!
ResponderEliminarDisfrutad mucho
Un besoo!!
Os deseo una feliz salida y entrada del nuevo año!! FELIZ AÑO NUEVO 2014
ResponderEliminar=)! Disfrutar mucho!
Raquetequieroo!!